En el Tintero

El Tintero es un blog de concepto periodístico en el que se presentan temas de interés general en politíca, sociedad, cultura y educación.
Conoce la opinión de jóvenes comunicólogos en búsqueda de información a través de artículos, entrevistas, reportajes, columnas y notas.



jueves, 12 de abril de 2012

REPORTAJE: PEQUEÑOS HOMBRES Y MUJERES


Realidad de miles de niños en las calles de nuestro país en la espera de una nueva oportunidad de vida.


Pequeños hombres y mujeres soñando con ser niños.

La necesidad de supervivencia que obliga repetir la triste historia una y otra vez de manera incesante… Niños que abandonan los juegos para convertirse en trabajadores, apoyar a sus padres y salir adelante.

Condición de millones de niños en el país que a corta edad se enfrentan al voraz mundo por si solos  para ganar unos cuantos pesos y llevar un plato de comida en sus hogares.
Pequeños adultos. La valiente e irremediable realidad de los niños que trabajan.
Por: Rosa Dania Martínez

Chiapas.- Casos de niños trabajadores hay miles, lamentablemente su situación es la que los obliga a ser pequeños adultos. Situación en la que todo el país se me inmerso.
En los próximos meses la pobreza en México afectará directamente a 60 millones de personas, es decir, al 55 por ciento de la población, debido a que la crisis ha ocasionado un aumento catastrófico en los índices de desempleo, ya que en el último trimestre perdieron su trabajo 250 mil mexicanos. Tan solo en este año hay  más de un millón de desempleados.
La Secretaría de Desarrollo Social considera que 54% de los mexicanos (57.8 millones) vive en pobreza de patrimonio, lo que indica que vive con menos de 4 dólares diarios, ($53.00) mientras que el 32% (34.3 millones) lo hace con menos de 2.5 dólares ($33.00), y 24% (25.7 millones) con menos de 2 dólares ($27.00). Bajo esta perspectiva, los Estados de mayor pobreza en el país son Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Durango.
En el municipio de Reforma, la pobreza es bastante extensa ha orillado a una gran cantidad de niños a las voraces fauces del mundo laboral.
Todos los días los topamos en las calles, ha llegado un punto que es tan común hallarlos que ya no son causa de preocupación social.
***


“Que le vaya bien, vuelva pronto, que Dios la bendiga…” dijo aquel niño de rostro cansado y lamentablemente endurecido.
Era un día gris, tal como el semblante de su joven rostro. Tan distraído y ajeno, reza un agradecimiento entre dientes al final de guardar la mercancía del súper entre bolsas y más bolsas. Es un niño cerillito, en un trabajo de los muchos tantos que realizan los menores.
Su nombre es Jorge Luis Rodríguez Ramón, ni siquiera alcanza el metro con cincuenta. Ha vivido 12 años de una supuesta infancia entre mandados, bolsas de plástico, anaqueles y el pago no mayor de 5 pesos por cliente por estar de pie 7 horas continuas junto a la cajera.
Mientras los demás clientes forman una larga fila y la cajera apática contesta el saludo, mantiene la mirada perdida hacia la calle, allá afuera donde la libertad tiene un sabor amargo y pese a eso, sigue siendo anhelada.
Toma las cajas y empaques con sus pequeñas manos y de pronto repite nuevamente el discurso. A simple vista es un pequeño hombrecito atrapado en un cuerpo de niño que no le permite ganar  más de lo obtenido.
Jorge Luis tiene sus grandes y redondos ojos apagados. Esa chispa vivaz que derrocha ingenuidad y ternura no brilla más en su mirada. Mientras espera el siguiente cliente juega con la última moneda arrastrándola por una orilla, de pronto bosteza.
Para el amaneció más temprano de lo normal, la jornada de este hombrecito arranca las 5:30 am con una taza de café sin leche con rumbo hacia un trabajo donde la paga se gana por meritos propios. Hijo único de Adán y Rosa, una familia joven a la que el gasto no cubre el pago como ayudante de albañil que lleva el hombre de la casa.
Hace más de tres años que Jorge Luis comenzó a ganar unos pesos.
“Mi mamá compra la comida con lo que trabajo y con lo que le da mi papá…yo guardo 15 o 20 pesos pero la escuela se pone cada vez más cara…”.- dice el pequeño mirando hacia abajo.
Palabras tan grandes para una boca tan pequeña.
Sin embargo la realidad no arrasa con los sueños de Jorge Luis.
“Voy a seguir trabajando por que cuando sea grande quiero ser… yo solo quiero estudiar…lo que sea pero que estudie algo…”
No hay remedio, la falta de recursos económicos es la principal causa del trabajo de menores.
Según las estadísticas, en México alrededor de 3 millones 600 mil niños tienen la necesidad de trabajar, es decir, uno de cada seis niños y niñas de entre 6 y 14 años de edad laboran principalmente en micro negocios, revela en 2010 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) .
A su vez, Chiapas es una de las entidades federativas con mayor índice de trabajo infantil, después Campeche, Puebla y finalmente Veracruz.
Ante la situación del estado, la directora del DIF Reforma, Gloria Alcudia Báez, aseguró:
“La razón por la que Chiapas esta en el primer lugar de trabajo infantil es porque hay mucha pobreza, la mayoría de las familias están necesitadas y por eso los niños tiene que trabajar y lo peor es que no solo tienen que cargar con la responsabilidad de una jornada laboral sino además también que soportar el maltrato familiar, violencia, abandono de hogar de alguno de los padres, infidelidad y abusos”.
Las comunidades identificadas con mayor atraso social en el municipio son las colonias UNE “Nueva Creación” y El Porvenir “La Mosca” donde 6 de cada 10 niños de estas comunidades trabajan.
***
La mayoría de los niños que trabajan son contratados en micro negocios, colocados en el ambulantaje, en cantinas o como ayudantes de obra.
Los varones son fácilmente contratados y explotados en la mayoría de las veces dada su situación por los superiores o en determinados casos víctimas de la mentalidad errónea de los padres.
Al cuestionar a Alba Sánchez, madre de Luis Hernández de 13 años por las razones que Luis trabaja respondió: “Pues porque lo necesitamos, además sirve para que se haga hombrecito y aprenda lo que vale el dinero…”
Luis vende chicles y cerillos por las noches en los burdeles de la localidad.  Hace un año que salió a las calles a ganarse unos cuantos pesos. La ganancia no es mucha, entre 50 y 70 pesos la noche, dinero que no vale el riesgo al que está expuesto.
Luis está en cuarto grado en la escuela Año Internacional del Niño. Tiene un atraso considerable con el avance escolar.
El director de la primaria Jorge Nucamendi Grajales asegura tener identificados los casos de extrema pobreza en la escuela.
“Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… espero que Luis tenga un plumaje de esos” -dijo el Director de la escuela Primaria citando a Salvador Díaz Mirón.
***
La primaria Año Internacional del Niño es una escuela de turno vespertino con una población estudiantil de 158 alumnos. De los cuales 26 niños se encuentran en situaciones extremas.
“Aquí, la gran mayoría de los niños trabaja, los cuadernos ser acaban hasta la última hoja y los lápices jamás se pierden…” señaló el director.
Durante las inscripciones, se realiza un estudio socioeconómico de los alumnos. La inscripción tiene un valor de 100 pesos, que la mayor parte de la comunidad estudiantil no cubre. Aunado a la situación crítica de los estudiantes, la SEP no destina recursos específicos para la escuela. La ocupación del gobierno por los niños necesitados no es mucha. El único apoyo que reciben son los desayunos escolares sin embargo la escuela tiene que procurar los medios para completar la comida que se les proporciona a los niños.
***
De la ganancia de la noche anterior, Luis paga dos o tres pesos para comer en la escuela. La jornada de Luis termina a las tres de la mañana. A pesar de que estudia por las tardes, en las mañanas ayuda a su madre con  las labores del hogar mientras ella lava ropa ajena. Su padre los abandonó hace cinco años. No obstante, su madre asegura que fue lo mejor. Los golpes que este le propinaba en estado de ebriedad ya no están mas pero lo que nunca dejara de existir son las cicatrices en los recuerdos de la infancia de Luis.
***
“Los y las niñas que trabajan muchas veces no tienen un centro de trabajo, a veces ayudan a sus padres en sus trabajos. La mayoría de los padres tienen oficios y llevan a los niños con ellos o bien dejan a las niñas en las labores del hogar que son igual de extenuantes que un trabajo en las calles o comercios…” dijo la trabajadora social encargada del Depto. del Cuidado y Protección de la Mujer y el Niño en Reforma.
Uno de los trabajos más comunes 
es el llamado "cerillito"
FOTOGRAFÍA DE ARCHIVO
Tal es el caso de Lucero. Ella tiene 15 años y tres bocas que alimentar. Este ciclo escolar entró al colegio de Bachilleres de Reforma. Su madre partió a los Estados Unidos hace dos años porque el dinero ya no alcanzaba. Tres menores con una madre desempleada fue lo que dejo Roberto, el padre de este hogar.
Hoy, el dinero que llega al hogar es el que su madre envía.  Del padre no han vuelto a saber. Lucero  no tiene un jefe al mando sino algo mayor: la responsabilidad total del cuidado de sus hermanos, Ana de 8, Carlos de 10 y Daniela de 12 años de edad. Ambos estudian en la primaria en la ranchería Limoncito, lugar en el que viven.
Muy temprano Lucero se levanta para alistar a los niños y mandarlos a la escuela. Alrededor de las tres de la tarde, Lucero llega de la preparatoria para hacer a un lado los cuadernos y tomar las hoyas para preparar la comida.
La psicóloga del DIF Nadia Reyna López ha tratado numerosos casos de niños trabajadores:
“La situación que ellos viven es muy alarmante, las secuelas que deja un niño trabajador en extrema pobreza son muy duras de pasar. La realidad de ellos es que pese a todo lo que soportan en sus hogares, en los centros de trabajo o en las calles se suma a que en la escuela son rechazados por los mismos compañeros, siempre están distraídos y son poco participativos, además de que socializar les cuesta mucho trabajo, comúnmente se duermen en clase, llegan tarde, no cumplen con los trabajos y por ende sufren de retraso estudiantil. Fácilmente reprueban grado y sufren de discriminación, no los eligen en los equipos, no los llaman a la hora del receso, no comparten con ellos el mismo espacio... ”
***
Los centros más comunes de niños trabajadores son las abarroteras del municipio. Numerosos niños han desfilado por estos negocios.
Miguel Ángel tiene 11 años, cruza la calle con un diablito cargado con cuatro grandes cajas de mercancía. Lleva sudor en la frente que de pronto seca con la manga de su camisa presurosamente. Va detrás de la señora que hizo las compras en la abarrotera donde él trabaja. Al llegar a su destino, ni siquiera las gracias recibió.
Él trabaja en la abarrotera Sánchez de la colonia centro. En ese negocio existen dos turnos para los niños cerillitos… que también son cargadores de bultos, empacadores, de limpieza y todo lo que haga falta.
***
En este negocio no se aceptan niñas, el único requisito es que los varones tengan más de once años y menos de 17. La empresa no solicita ningún documento responsivo. Solo la presencia del padre o tutor el primer día de trabajo para asignarle una jornada de cinco horas consecutivas de trabajo.
No figuran dentro del personal, no reciben salario y ningún tipo de apoyo tanto económico como en despensa.
“Ellos no son empleados de la abarrotera pero les damos el material necesario para trabajar con eso se pueden ganar sus pesos de acuerdo a las ganas que le pongan a su chamba…” dijo el gerente de la abarrotera Sánchez Antonio Camas Hernández.
Otra de las empresas que contrata menores es Bodega Aurrera, en promedio de tres niños por las seis cajas que trabajan. La paga tampoco existe pero cuenta con la diferencia de programas de becas de promedio mayor de ocho para poder obtener artículos escolares
En esta empresa los padres o tutores firman una carta responsiva en donde se especifica los horarios, el tiempo libre y que la empresa no se hace responsable de heridas y lesiones fuera del trabajo.
***
La pobreza orilla 
a los ñiños a trabajar 
en las calles. 
FOTOGRAFÍA DE ARCHIVO
El trabajo infantil no es de niños en situación de calle, la gran mayoría al menos cuenta con uno de sus padres. Salen a la calle por la necesidad, por la carencia, por el hambre.
Los niños trabajadores no tienen juego de pelota, no dan paseos al parque con sus padres. Son los fantasmas que trabajan sin un salario fijo por unas monedas que no garantizan ni su seguridad ni su vida.
Infancia redimida, situación irremediable, niños que perdieron la inocencia para vestirse de responsabilidad, de crudeza. Niños jornaleros viviendo el mañana que llego antes de tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario