Realidad de miles de niños en
las calles de nuestro país en la espera de una nueva oportunidad de vida.
Pequeños hombres y mujeres soñando con ser niños.
Pequeños hombres y mujeres soñando con ser niños.
La necesidad
de supervivencia que obliga repetir la triste historia una y otra vez de manera
incesante… Niños que abandonan los juegos para convertirse en trabajadores, apoyar
a sus padres y salir adelante.
Condición de millones de niños en el
país que a corta edad se enfrentan al voraz mundo por si solos para ganar unos cuantos pesos y llevar un
plato de comida en sus hogares.
Pequeños adultos. La valiente e
irremediable realidad de los niños que trabajan.
Por: Rosa Dania Martínez
Chiapas.- Casos de niños
trabajadores hay miles, lamentablemente su situación es la que los obliga a ser
pequeños adultos. Situación en la que todo el país se me inmerso.
En los próximos meses la
pobreza en México afectará directamente a 60 millones de personas, es decir, al
55 por ciento de la población, debido a que la crisis ha ocasionado un aumento
catastrófico en los índices de desempleo, ya que en el último trimestre
perdieron su trabajo 250 mil mexicanos. Tan solo en este año hay más de un millón de desempleados.
La Secretaría de Desarrollo
Social considera que 54% de los mexicanos (57.8 millones) vive en pobreza de
patrimonio, lo que indica que vive con menos de 4 dólares diarios, ($53.00)
mientras que el 32% (34.3 millones) lo hace con menos de 2.5 dólares ($33.00),
y 24% (25.7 millones) con menos de 2 dólares ($27.00). Bajo esta perspectiva,
los Estados de mayor pobreza en el país son Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Tabasco
y Durango.
En el municipio de
Reforma, la pobreza es bastante extensa ha orillado a una gran cantidad de
niños a las voraces fauces del mundo laboral.
Todos los días los
topamos en las calles, ha llegado un punto que es tan común hallarlos que ya no
son causa de preocupación social.
***
“Que le vaya bien, vuelva
pronto, que Dios la bendiga…” dijo aquel niño de rostro cansado y
lamentablemente endurecido.
Era un día gris, tal como
el semblante de su joven rostro. Tan distraído y ajeno, reza un agradecimiento
entre dientes al final de guardar la mercancía del súper entre bolsas y más
bolsas. Es un niño cerillito, en un trabajo de los muchos tantos que realizan
los menores.
Su nombre es Jorge Luis Rodríguez
Ramón, ni siquiera alcanza el metro con cincuenta. Ha vivido 12 años de una
supuesta infancia entre mandados, bolsas de plástico, anaqueles y el pago no
mayor de 5 pesos por cliente por estar de pie 7 horas continuas junto a la
cajera.
Mientras los demás
clientes forman una larga fila y la cajera apática contesta el saludo, mantiene
la mirada perdida hacia la calle, allá afuera donde la libertad tiene un sabor
amargo y pese a eso, sigue siendo anhelada.
Toma las cajas y empaques
con sus pequeñas manos y de pronto repite nuevamente el discurso. A simple
vista es un pequeño hombrecito atrapado en un cuerpo de niño que no le permite
ganar más de lo obtenido.
Jorge Luis tiene sus
grandes y redondos ojos apagados. Esa chispa vivaz que derrocha ingenuidad y
ternura no brilla más en su mirada. Mientras espera el siguiente cliente juega
con la última moneda arrastrándola por una orilla, de pronto bosteza.
Para el amaneció más
temprano de lo normal, la jornada de este hombrecito arranca las 5:30 am con
una taza de café sin leche con rumbo hacia un trabajo donde la paga se gana por
meritos propios. Hijo único de Adán y Rosa, una familia joven a la que el gasto
no cubre el pago como ayudante de albañil que lleva el hombre de la casa.
Hace más de tres años que
Jorge Luis comenzó a ganar unos pesos.
“Mi mamá compra la comida
con lo que trabajo y con lo que le da mi papá…yo guardo 15 o 20 pesos pero la
escuela se pone cada vez más cara…”.- dice el pequeño mirando hacia abajo.
Palabras tan grandes para
una boca tan pequeña.
Sin embargo la realidad
no arrasa con los sueños de Jorge Luis.
“Voy a seguir trabajando
por que cuando sea grande quiero ser… yo solo quiero estudiar…lo que sea pero
que estudie algo…”
No hay remedio, la falta
de recursos económicos es la principal causa del trabajo de menores.
Según las estadísticas,
en México alrededor de 3 millones 600 mil
niños tienen la necesidad de trabajar, es decir, uno de cada seis niños y niñas
de entre 6 y 14 años de edad laboran principalmente en micro negocios, revela en 2010 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) .
A su vez, Chiapas es una
de las entidades federativas con mayor índice de trabajo infantil, después
Campeche, Puebla y finalmente Veracruz.
“La razón por la que
Chiapas esta en el primer lugar de trabajo infantil es porque hay mucha
pobreza, la mayoría de las familias están necesitadas y por eso los niños tiene
que trabajar y lo peor es que no solo tienen que cargar con la responsabilidad
de una jornada laboral sino además también que soportar el maltrato familiar, violencia,
abandono de hogar de alguno de los padres, infidelidad y abusos”.
Las comunidades
identificadas con mayor atraso social en el municipio son las colonias UNE
“Nueva Creación” y El Porvenir “La Mosca” donde 6 de cada 10 niños de estas
comunidades trabajan.
***
La mayoría de los niños
que trabajan son contratados en micro negocios, colocados en el ambulantaje, en
cantinas o como ayudantes de obra.
Los varones son
fácilmente contratados y explotados en la mayoría de las veces dada su
situación por los superiores o en determinados casos víctimas de la mentalidad
errónea de los padres.
Al cuestionar a Alba Sánchez,
madre de Luis Hernández de 13 años por las razones que Luis trabaja respondió: “Pues
porque lo necesitamos, además sirve para que se haga hombrecito y aprenda lo
que vale el dinero…”
Luis vende chicles y
cerillos por las noches en los burdeles de la localidad. Hace un año que salió a las calles a ganarse
unos cuantos pesos. La ganancia no es mucha, entre 50 y 70 pesos la noche,
dinero que no vale el riesgo al que está expuesto.
Luis está en cuarto grado
en la escuela Año Internacional del Niño. Tiene un atraso considerable con el
avance escolar.
El director de la
primaria Jorge Nucamendi Grajales asegura tener identificados los casos de
extrema pobreza en la escuela.
“Hay plumajes que cruzan
el pantano y no se manchan… espero que Luis tenga un plumaje de esos” -dijo el
Director de la escuela Primaria citando a Salvador Díaz Mirón.
***
La primaria Año Internacional
del Niño es una escuela de turno vespertino con una población estudiantil de
158 alumnos. De los cuales 26 niños se encuentran en situaciones extremas.
“Aquí, la gran mayoría de
los niños trabaja, los cuadernos ser acaban hasta la última hoja y los lápices
jamás se pierden…” señaló el director.
Durante las
inscripciones, se realiza un estudio socioeconómico de los alumnos. La
inscripción tiene un valor de 100 pesos, que la mayor parte de la comunidad
estudiantil no cubre. Aunado a la situación crítica de los estudiantes, la SEP
no destina recursos específicos para la escuela. La ocupación del gobierno por
los niños necesitados no es mucha. El único apoyo que reciben son los desayunos
escolares sin embargo la escuela tiene que procurar los medios para completar
la comida que se les proporciona a los niños.
***
De la ganancia de la
noche anterior, Luis paga dos o tres pesos para comer en la escuela. La jornada
de Luis termina a las tres de la mañana. A pesar de que estudia por las tardes,
en las mañanas ayuda a su madre con las
labores del hogar mientras ella lava ropa ajena. Su padre los abandonó hace
cinco años. No obstante, su madre asegura que fue lo mejor. Los golpes que este
le propinaba en estado de ebriedad ya no están mas pero lo que nunca dejara de
existir son las cicatrices en los recuerdos de la infancia de Luis.
***
“Los y las niñas que
trabajan muchas veces no tienen un centro de trabajo, a veces ayudan a sus
padres en sus trabajos. La mayoría de los padres tienen oficios y llevan a los
niños con ellos o bien dejan a las niñas en las labores del hogar que son igual
de extenuantes que un trabajo en las calles o comercios…” dijo la trabajadora
social encargada del Depto. del Cuidado y Protección de la Mujer y el Niño en
Reforma.
![]() |
| Uno de los trabajos más comunes es el llamado "cerillito" FOTOGRAFÍA DE ARCHIVO |
Tal es el caso de Lucero.
Ella tiene 15 años y tres bocas que alimentar. Este ciclo escolar entró al
colegio de Bachilleres de Reforma. Su madre partió a los Estados Unidos hace
dos años porque el dinero ya no alcanzaba. Tres menores con una madre
desempleada fue lo que dejo Roberto, el padre de este hogar.
Hoy, el dinero que llega
al hogar es el que su madre envía. Del
padre no han vuelto a saber. Lucero no
tiene un jefe al mando sino algo mayor: la responsabilidad total del cuidado de
sus hermanos, Ana de 8, Carlos de 10 y Daniela de 12 años de edad. Ambos
estudian en la primaria en la ranchería Limoncito, lugar en el que viven.
Muy temprano Lucero se
levanta para alistar a los niños y mandarlos a la escuela. Alrededor de las
tres de la tarde, Lucero llega de la preparatoria para hacer a un lado los cuadernos
y tomar las hoyas para preparar la comida.
La psicóloga del DIF
Nadia Reyna López ha tratado numerosos casos de niños trabajadores:
“La situación que ellos
viven es muy alarmante, las secuelas que deja un niño trabajador en extrema
pobreza son muy duras de pasar. La realidad de ellos es que pese a todo lo que
soportan en sus hogares, en los centros de trabajo o en las calles se suma a
que en la escuela son rechazados por los mismos compañeros, siempre están
distraídos y son poco participativos, además de que socializar les cuesta mucho
trabajo, comúnmente se duermen en clase, llegan tarde, no cumplen con los
trabajos y por ende sufren de retraso estudiantil. Fácilmente reprueban grado y
sufren de discriminación, no los eligen en los equipos, no los llaman a la hora
del receso, no comparten con ellos el mismo espacio... ”
***
Los centros más comunes
de niños trabajadores son las abarroteras del municipio. Numerosos niños han
desfilado por estos negocios.
Miguel Ángel tiene 11
años, cruza la calle con un diablito cargado con cuatro grandes cajas de mercancía.
Lleva sudor en la frente que de pronto seca con la manga de su camisa
presurosamente. Va detrás de la señora que hizo las compras en la abarrotera
donde él trabaja. Al llegar a su destino, ni siquiera las gracias recibió.
Él trabaja en la
abarrotera Sánchez de la colonia centro. En ese negocio existen dos turnos para
los niños cerillitos… que también son cargadores de bultos, empacadores, de
limpieza y todo lo que haga falta.
***
En este negocio no se aceptan
niñas, el único requisito es que los varones tengan más de once años y menos de
17. La empresa no solicita ningún documento responsivo. Solo la presencia del
padre o tutor el primer día de trabajo para asignarle una jornada de cinco
horas consecutivas de trabajo.
No figuran dentro del
personal, no reciben salario y ningún tipo de apoyo tanto económico como en
despensa.
“Ellos no son empleados
de la abarrotera pero les damos el material necesario para trabajar con eso se
pueden ganar sus pesos de acuerdo a las ganas que le pongan a su chamba…” dijo
el gerente de la abarrotera Sánchez Antonio Camas Hernández.
Otra de las empresas que
contrata menores es Bodega Aurrera, en promedio de tres niños por las seis
cajas que trabajan. La paga tampoco existe pero cuenta con la diferencia de
programas de becas de promedio mayor de ocho para poder obtener artículos
escolares
En esta empresa los
padres o tutores firman una carta responsiva en donde se especifica los
horarios, el tiempo libre y que la empresa no se hace responsable de heridas y
lesiones fuera del trabajo.
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![]() |
| La pobreza orilla a los ñiños a trabajar en las calles. FOTOGRAFÍA DE ARCHIVO |
El trabajo infantil no es
de niños en situación de calle, la gran mayoría al menos cuenta con uno de sus
padres. Salen a la calle por la necesidad, por la carencia, por el hambre.
Los niños trabajadores no
tienen juego de pelota, no dan paseos al parque con sus padres. Son los
fantasmas que trabajan sin un salario fijo por unas monedas que no garantizan
ni su seguridad ni su vida.
Infancia redimida,
situación irremediable, niños que perdieron la inocencia para vestirse de
responsabilidad, de crudeza. Niños jornaleros viviendo el mañana que llego
antes de tiempo.




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